

Cambia un precio y hay que rehacer la imagen. Hasta que alguien la rehaga, está mal.
Algunas reservas se anotan en la libreta. Otras se pierden.
Fotos que no elegiste, datos que no controlás.
El que no lo tiene no te ve. Y lo de hace un mes ya no lo encuentra nadie.
La misma información, repetida quince veces por WhatsApp.
Desde el celular, sin llamar a nadie.
Nombre, día, hora y cuántos son. Directo a tu WhatsApp.
Tus fotos, tu carta, tu teléfono.
No se pierde abajo en el feed.
Una página con todo, y te escriben ya sabiendo.
Esto no es una foto. Es texto de verdad: se lee en cualquier pantalla, Google lo encuentra y un precio se cambia en dos minutos.
Tocá la carta para pasar de hoja
Listo. Así de rápido, desde el celular.

En Bit-A trabajamos con pocos clientes a la vez y cada sitio se arma sobre lo que ese negocio realmente necesita. Nos sentamos con vos, miramos cómo entran hoy las reservas y cómo se maneja la carta, y construimos alrededor de eso. Nada de módulos que no vas a usar.
Cambiás precios, agregás platos o marcás algo como agotado desde el celular. Sin depender de nadie y sin rehacer ninguna imagen.
El cliente completa día, hora y cantidad de personas, y te llega el mensaje armado. Menos llamadas en medio del servicio.
Casi todos te van a mirar desde el teléfono, muchas veces con señal mala en la ruta. Por eso se diseña para el celular primero.
Sitio conectado con tu ficha de Google Maps, para que aparezcas cuando alguien busca dónde comer cerca tuyo.
Ordenamos y optimizamos el material que ya tenés. Si hace falta, coordinamos una sesión de fotos del lugar y los platos.
Una sesión con vos o con quien maneje la carta, hasta que lo pueda hacer solo. Y quedás con nuestro WhatsApp por si trancás.

Bit-A es un estudio chico de desarrollo web en Uruguay. Trabajamos de a pocos proyectos por vez porque cada uno se hace a medida y de cerca: hablás siempre con la misma persona, la que después escribe el código. No somos una agencia con cuentas y ejecutivos de por medio.
Precio cerrado antes de empezar. Sabés desde el primer día cuánto sale y qué incluye, sin cosas que aparecen después.
Entre dos y cuatro semanas desde que tenemos las fotos y la carta. Si necesitás llegar con algo andando para el verano, conviene arrancar antes de octubre: en diciembre, en plena temporada, nadie tiene tiempo de mirar un sitio nuevo.
Instagram sirve para el que ya te conoce y te sigue. El sitio sirve para el que todavía no te conoce y te está buscando en Google. Son dos públicos distintos. No reemplaza al Instagram: lo complementa, y le da un lugar fijo a la carta y a las reservas.
Sí. Cambiar un precio es entrar, tocar el número y guardar. Es más simple que subir una historia. Y te enseñamos en persona hasta que lo hagas solo.
El primer año no: dominio y hosting van incluidos. Después es una cuota anual chica para mantener el sitio online, y el mantenimiento es opcional.
Al contrario, es justamente el motivo principal para hacerlo. Hoy cambiar un precio significa rehacer una imagen. Con el sitio son dos minutos desde el celular, las veces que haga falta, sin costo extra.
Sí. El dominio se registra a tu nombre y el sitio es tuyo. Si algún día querés llevártelo a otro lado, te lo entregamos sin vueltas.

Veinte minutos para mirar juntos cómo estás hoy en Google, cómo te entran las reservas y qué se puede mejorar. Si de ahí no sale un trabajo, te queda igual el diagnóstico.